¿NUNCA HABÉIS LUCHADO CONTRA UN DRAGÓN? YO SÍ Y ES UNA EXPERIENCIA COMPLETAMENTE ADICTIVA.

Aunque no lo creáis, los dragones existen. Yo he visto a muchos pero no tienen la forma que pensáis, con cola, una gran boca, escamas y alas. No son así.

Son una masa informe, aunque en ocasiones juraría que adoptan formas antropomórficas, y aúllan. Os lo juro, y os voy a contar cómo fue mi primera experiencia.

Nos dieron aviso de una residencia ardiendo y acudimos a la llamada. Imaginaos ir sentado en la parte trasera de un camión de bomberos dando tumbos y tratando de equiparte como puedes. Primero botas y cubre pantalón, luego chaquetón y cremallera arriba, enfundas el verdugo en tu cabeza, casco y abrochas el barbuquejo bajo tu mandíbula, botella de aire a la espalda tirando bien fuerte de las cinchas hacia abajo, máscara y por último los guantes. Es la armadura del caballero. La primera vez que lo viví me dije… ¿pero esto es así siempre? Estaba flipando. A vosotr@s os encantaría.

Llegas hasta el lugar y te bajas de un salto, como un héroe de novela o de serie de Netflix. En ese momento te sientes el rey del mundo. Prácticamente invulnerable protegido por tu equipo, aunque en realidad es una sensación ilusoria y no debes caer en su trampa. El dragón es más fuerte que tú. Por eso debes actuar con astucia.

Ves el objetivo frente a ti a través del visor de tu casco. Una vivienda en llamas y tras su puerta, un verdadero dragón. Caminas hacia allí con decisión mientras llevas la mano a tu espalda para abrir el grifo de tu botella. De repente aire puro inunda el interior de tu máscara. La flechita de tu manómetro marca 300 bares. Con eso un bombero físicamente apto tiene aire para 20 minutos. La lucha no puede durar más o el dragón te vencerá y tendrás que retirarte o morir en el intento.

Te plantas frente a la puerta y el ruido es ensordecedor. En serio. El fuego hace mucho ruido. Son los aullidos del dragón que clama tu nombre. Un compañero te trae tu lanza, se va a la puerta y se palpa el pecho donde oculto, está el botón de su comunicador y oyes su voz en el interior de tu cabeza a través del receptor de tu casco

– ¿Estás list@?

Tú levantas el pulgar.

Ahora estáis sol@s frente al dragón.

El bombero que maneja la lanza debe estar bien entrenado para interpretar las condiciones del incendio cuando tu compañero abra la puerta y veas al dragón con tus propios ojos. Porque los dragones no están solos. No es tan sencillo como tirarles desde lejos. Están protegidos por una capa de gases calientes a su alrededor y llegar hasta el corazón del dragón para clavarle tu lanza, no es tarea fácil.

Lo que ves es una capa de gases próxima al techo del recinto en una masa informe y humo de una densidad sorprendente de color negruzco a unos 500 grados de temperatura. El compañero cierra y te mira a través de su máscara. Tú tienes claro lo que te enseñaron en la academia. Sabes lo que has visto y el arma que debes utilizar para hacerle daño. Le indicas a tu compañero con los dedos de tu mano el número 3.

Entonces ajustas todas las variables de tu lanza: caudal y modo, para que salga un cono de aplicación de entre 60 y 75 grados a 320 litros por minuto que provoque el tamaño óptimo de gotas de agua cuando hagas una pulsación con tu lanza que permita lanzar una pulverización con la suficiente capacidad de penetración en la capas de gases calientes que maximice el efecto de enfriamiento general de la temperatura del recinto.

Sujetas fuertemente la lanza entre tus manos, miras a tu compañero y afirmas con la cabeza. Tu compañero abre la puerta y tú disparas una pulsación de agua nebulizada al techo que penetra en la capa de gases. Os prometo que en ese momento la capa de gases actúa como si tuviese vida propia. Los gases se encogen y sisean con un sonido inconfundible. Tu acción le ha dolido y tu compañero cierra la puerta.

Dejemos que los gases del dragón se retuerzan y sufran un poco. Lo que está ocurriendo dentro del recinto es que en ese momento, se produce una gran transferencia de calor del entorno hacia las gotas de agua pulverizadas y en sustentación las cuales se evaporan, absorbiendo la temperatura. El dragón ruge tras la puerta.

A continuación tu compañero vuelve a abrir y tu debes estar atento y agacharte porque una lengua de vapor de agua sale disparada por encima de ti. El dragón está enfadado y te está atacando. Ahora eres o tú o él. Entonces te levantas y vuelves a lanzar una pulsación de agua pulverizada al techo. Los gases encajan el golpe y vuelven a encogerse. Tu compañero cierra de nuevo .

Le estamos robando su poder al dragón. Su calor. Sin él ya no será tan temible.

En ese instante tu compañero abre la puerta de nuevo y otra lengua de vapor hirviendo se dirige hacia ti. Si te agachas no tendrás problema y pasará limpiamente por encima, pero agáchate o lo pasarás mal.

!Ahora es el momento de entrar! Te levantas y caminas adentro. Buscas el corazón del dragón y crees haberlo visto al fondo del recinto. Te diriges hacia allí y tu compañero, el que estaba en la puerta, te sigue a corta distancia.

Gradúas de nuevo tu lanza a conos de 45 grados y 475 litros por minuto y disparas a izquierda y derecha, abriéndote paso a través de todas las emboscadas que te separan de tu objetivo. Poco a poco, paso a paso, los conatos secundarios van disolviéndose ante el ímpetu de tu lanza. Te estás abriendo camino hasta el motor del incendio. Miras tu manómetro, marca 200. Vas bien. Sigue así y lo lograrás. No te desanimes aunque empieces a notar el cansancio. Tu compañero apoya su mano en tu hombro y eso te da fuerzas.

Finalmente llegas hasta el corazón del dragón. Ahora no perdones o el fuego te rodeará y te matará. Gradúas de nuevo tu lanza a chorro compacto de ataque y se la insertas en lo más profundo de su alma hasta que el ruido se calme y solo quedes tú con tu lanza.

Todo esto que os cuento apela a sensaciones muy primarias, muy adictivas. Cuando todo a terminado se sientas apoyándote en las ruedas de tu camión y te quitas la máscara y el casco. Estás empapado y agotado. No eres consciente del estrés térmico que has sufrido hasta que te quitas el casco y fuera de él todo está helado. Congelado. Pero no es así, eres tú que has vivido tu bautismo de fuego.